Accattone, la perversión sin límites

Escrito por rcb el . Posteado en //04, Diplomado Estética y Crítica de Cine

Por Mario Urriola

Pier Paolo Pasolini busca inexorablemente provocarnos con el relato de vida de Vittorio Cataldi, italiano de unos treinta y tantos años, apodado Accattone; protagonista quien da el nombre a la película de 1961, éste vive en una Roma que el mundo no conoce ni intuye, lejos de la gloria del imperio o la magnificencia del Renacimiento. Vive en una Roma desolada, derrotada, con las consecuencias evidentes de la guerra.

Esta desolación no la vemos en la ciudad misma, en sus puentes caídos o edificios en ruinas. Esta desolación la vemos en los personajes mismos, en la miseria que los rodea, que los nutre y mueve. La miseria en el filme no está en la tierra, en el sol rebotando en el maicillo, ni en los cuerpos sucios. La miseria está en cada decisión de los personajes, en cada diálogo, despojada de cualquier bondad, capaz de someter a cualquiera.

Y he ahí la capacidad de Pasolini de no mostrarnos caricaturas, remedos de maldad o personajes escudados en la amoralidad. Nos muestra que el albedrío puede ser forzado al máximo, y que el humano no tiene límites a la hora de ejercer el mal. Es costumbre a la hora de narrar historias de personajes pletóricos de perversidad, encuadrarlos en sujetos con aspiraciones veladas, llenos de poder, o remitidos a particulares contextos históricos o fantásticos, realidades  que de alguna forma terminan exculpando o diluyendo la responsabilidad de las infamias cometidas.

Pero en ésta historia no. Accattone podría ser el típico sujeto de la gesta esperanzadora del hombre de pueblo. De aquel que no tiene nada material en su vida y que la ficción del cine se encarga de premiar con un final feliz, por tanta resignación. Pero este largometraje del italiano contiene más verdad de la que esperamos y nos muestra que el realizador conoce lo que está filmando. Pasolini no duda en subvertir y despojar de todo contenido valórico, clásicos temas como el amor, la amistad y la familia. Porque Vittorio Cataldi, no es víctima de la miseria, no está inserto en ella, ni es su efecto, él es la miseria misma, movilizado solo por su egoísmo y los antivalores que lo fundan, Accattone no le concede respiro a la vida, fuerza cada vez más su actuar, viendo hasta dónde podría llegar. Y si el primer acto termina mostrándonos la prostitución forzada de su esposa, podemos sospechar en qué nivel terminará.

Muchos podrían argumentar que Accattone está inmerso en un sistema alterado, con dinámicas interpersonales perniciosas, y que su conducta antivalórica, sólo es coherente y directa consecuencia del medioambiente en que se mueve. Pero afortunadamente la película nos deja en claro que nunca está entre la espada y la pared, nunca se trata de él o Stella, de él o Maddalena, de él o su hijo y ahí radica la habilidad de Pasolini, dejando la inmoralidad al desnudo, el egoísmo al descubierto, de manera gruesa, sin pliegues o ambigüedades, tampoco cae en la trampa de hacer un juicio de valor respecto a su conducta, nos entrega los hechos de manera seca, sin mitigaciones formales o contrapesos en el relato.

La provocación del filme queda en manifiesto al no existir una redención del personaje, cayendo éste cada vez más bajo, Accattone nos demuestra que ningún acto fue caprichoso, que su única intención fue su bienestar y que no existe una relación causal de su comportamiento con su entorno. Para mí, resultaría dudoso establecer alguna relación con el lumpen actual o los marginales propios de las sociedades de libre mercado. Por esto mismo, queda en evidencia el talento en la narrativa de la película que se basa en mostrar la perversión humana fundamentada estrictamente en criterios psicológicos y no como producto de cuestiones económicas o sociológicas, sin que el protagonista siquiera llegue a parecer un psicópata. Insostenible sería reivindicar a Accattone con el similar actuar de su grupo de pertenencia, qué si bien queda en claro no eran mucho mejores que el protagonista, cada uno entendía que existían ciertos límites –dentro de su especialísimo código moral- que Vittorio Cataldi se encargó siempre de sobrepasar.

Accattone, 1961 un filme de Pier Paolo Pasolini

   

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