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Destapando el oído-ojo-mano en un viaje anti-social, resistente y marginal.

Escrito por rcb el . Posteado en //03, Cine Chileno

Una aproximación al cine de José Luis Sepúlveda y Carolina Adriazola.

Por Germán Bravo

¿Qué hay en la realidad que fascina tanto? Como si fuera un sueño, su tiempo azaroso, complejo, inabordable, paralelo, absurdo, rico en todos los sentidos con su forma de recuerdo ido por la ramas con ni más ni menos el fin de llegar a lo esencial. En contraposición: el tedio, lo a-estético, generador de miles de armazones y existencias realizadoras que se vinculan con la realidad explotándola por medio de una “creación” se le llama novísimo cine chileno, en donde esta enajenación acomodaticia de ideología europocéntrica (que nos inculca el capitalismo avanzado) genera política y artísticamente, un rechazo desde otras esferas menos formulistas y más ágiles, una resistencia que se aguacha a las revoluciones por segundo que nuestra generación ha vivido, desarmada y apenitas. Nuestra relaciones con la realidad es lo que da la fuerza para escribir y vivir al mismo tiempo en un flujo holístico e ideológico, en donde todo tiene relación con lo mismo, un lugar donde la creación parece ebullir y tomar vida fuera de los papeles, aunque no es tarea fácil, a esto se aspira, y el cine-acción del dúo también. Si no ¿qué son las nuevas formas de grabar? Esta cercanía con la realidad es un mensaje abierto al cine.

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Touch Of Evil. Luces en el cine negro

Escrito por rcb el . Posteado en //03, Cine negro, Historia del Cine

Por Kevin Donoso  

Touch Of Evil apareció en los cines en 1958 pero no sería hasta 1998 para que el público cinéfilo pudiera apreciar el filme de Orson Welles tal como él deseaba que fuera. Haciendo uso de un manuscrito dejado por el mismo antes de su muerte la película fue restaurada para asemejarse a la su visión original. La importancia de la visión de Welles en esta obra es clave ya que se volvería en una de las piezas fundamentales del cine negro.

Con un género que no nos permite hablar de un ocaso, ya que su esplendor radica en la noche, Touch Of Evil podría ser llamada paradójicamente el amanecer del cine negro. Aquel momento en la historia del cine cuando los rayos de luz comenzaron a agrietar las eternas penumbras del film noir.

El film noir o cine negro que tiene sus origines en las revistas pulp y la literatura hardboiled, suele representar mundos oscuros, de crimen y corrupción. Mundos en los cuales abunda una atmosfera de miedo, desconfianza y paranoia. Donde los “héroes” de turno son solitarios, rudos y cínicos, y no poseen esperanza alguna sobre el futuro. Donde las mujeres o femme fatale, son de naturaleza ambigua y usualmente llevaran a la perdición al protagonista. Y finalmente donde los finales no tienen una gota de felicidad.

Aquellos simbólicos rayos de luz a los que me refiero, son todos aquellos “elementos extraños” que se hacen presentes en esta obra de género. Orson  Welles  nos presenta un cine negro muy diferente. Transformado. Con un ritmo inusual. Dinámico. Con agudos movimientos de cámara, constantes y expresionistas  contrapicados y con una la banda sonora de Henry Mancini que envuelve al film con un sonido de Jazz de acento latino, este último elemento es siempre un punto fuerte en la filmografía de Orson Welles, sus larga carrea en radio en el Mercury Theater lo doto de una capacidad única para los soundtracks. Todos estos elementos generan una atmosfera que se rebela contra el propio género creando una pieza de vanguardia. Pero también tenemos elementos recurrentes. El blanco y negro, la iluminación de altos contrastes, los panoramas urbanos. Y en la vereda de lo temático tenemos la corrupción representada en la policía americana y sus métodos. El clima de desconfianza, encarnada en la relación y choque cultural entre ambas fuerzas de la ley. Tenemos incluso al que sería un antihéroe típico del periodo clásico del cine negro, Hank Quinlan interpretado por el propio Orson Welles, pero que curiosamente en este film está situado en la vereda de los villanos, hecho que tiene un solo culpable y todo eso radica en el personaje de Chalton Heston, Miguel Vargas.

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Vargas es el principal de estos “elementos extraños” de los cuales hablaba en un principio. Chalton Heston interpreta un héroe atípico para el mundo del cine negro. De moral incorruptible, siempre al pie de la ley y muy lejos de ser un solitario, ya que es un romántico y preocupado hombre casado. Un clásico “policía bueno”.  La llegada de este “héroe absoluto” hace que todo el panorama de sombras del cine negro se vea fuertemente contrastado. Incluso este personaje finalmente tiene lo que podríamos denominar como un final feliz, en donde luego de salvar el día aborda un convertible y junto con su esposa se pierde raudo en la noche. Un final impensable en otros ejemplos del género, como es el caso de In a Lonely Place donde vemos marcharse a un solitario Humphrey Bogart el cual ha perdido su última oportunidad de redención o incluso otros donde el héroe ni siquiera sobrevive al film, como es el caso de Out Of The Past con Robert Mitchum muriendo a manos de la letal Jane Greer.

Por otro lado Hank Quinlan como ya fue mencionado es un personaje más cercano a los arquetipos del cine negro. Es un solitario, rudo y apático sirviente de la ley que busca a toda manera tomar ventaja de la situación. Sus métodos y moral son ambiguos, sus constantes interrogatorios al principal sospechoso (y posterior culpable) no son muy diferentes a ver a Humphrey Bogart en la piel de Sam Spade increpando rudamente a Peter Lorre o a cualquier otro facineroso en The Maltese Falcon. Incluso el enigmático (y breve) personaje de Tanya la adivina, interpretado por Marlene Dietrich, visualmente resembla a una mujer fatal y no es casualidad de que sus escenas en compañía de Welles siempre dejan entrever una tortuosa relación pasada.

Y si bien Hank la principal víctima del fuerte contraste que genera la presencia (y moral) de Vergas también es un personaje que exalta algunas cualidades del antihéroe noir clásico. Orson Welles toma la decisión de presentarlo como una entidad grotesca, ojeroso, deformado por el paso del tiempo y siempre tambaleándose por su pierna dañada y alcoholismo. Incluso su final se conecta con aquella interpretación, Hank muere sobre basura en las turbias aguas de un rio. Pero eso no es todo, Welles, dota de una inusual profanidad al personaje, haciéndolo complejo. Su cuestionable moral y rudeza ya no están a favor de la verdad como lo harían sus contrapartes de los años 40, ahora está en pro de mantener su imagen de detective infalible. Hecho que lo hará recorrer caminos tanto o más oscuros que el propio asesino del film.

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Con todo eso no sería errado imaginarse que quizás Hank en el pasado fue un Phillip Marlowe o un Sam Spade, y su estancia en Touch Of Evil es lo que pasa cuando protagonista sobrevive la película para enfrentarse a nuevos tiempos. Orson Welles le añade el paso del tiempo a un género repleto de clichés y fórmulas para así redefinirlo.

Finalmente, Hank es acorralado, el misterio de quien mato a los ocupantes de auto pasa a segundo plano y vuelve como una anécdota. Su muerte es melancólica casi como si el género tal como lo conocemos muriera con él. Caso muy similar a otro punto de inflexión en otro género como es la solitaria y humilde tumba de John Wayne en The Man Who Shot Liberty Valance que pareciera no tan solo contener su cadáver sino que también el western americano clásico. Y ahondando mas en esa comparación tenemos en ambos casos la aparición de un personaje heroico de moral convencional, que es el personaje de James Stewart, que desequilibra el panorama haciendo que un arquetipo clásico en un género se vea cuestionado.

Curiosamente el filme no hace mayor hincapié en la salida del personaje de Chalton Heston. Confirmando que el foco de atención es Quinlan y su tragedia. Con estos cambios y experimentos en el modelo, Orson Welles prevé el futuro del cine americano en donde la mixtura de géneros seria pan de cada día. El cine negro continuaría en el tiempo pero ya no se necesitaría de un Vargas para comenzar a cuestionarnos la moral de los justicieros en pantalla. Los antihéroes seguirían plagando la pantalla de cine cada vez más profundos y complejos y sus acciones ahora serian alimento para el escrutinio del espectador.

Hay una frase del film que expresa mucho de mi sentir hacia esta obra. “¡Vamos, léeme el futuro!” Exclama con rudeza el tambaleante Hank Quinlan, a lo que la misteriosa Tanya responde “No tienes futuro” y ante la duda de este ella sentencia “Tu futuro se acabó. ¿Por qué no te vas a casa?”… Al parecer Tanya logro adivinar el final de Quinlan, y quizás el término de una era en el cine negro americano, pero falló en anticipar el constante renacer que estas temáticas y propuestas tendrían y que continuamente invaden incluso nuestro tiempos.

 
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Algunas notas en torno a la película Freaks de Tod Browning (1932)

Escrito por rcb el . Posteado en //03, Cine Fantástico, Historia del Cine

Por Aukán Martinez

“Es urgente e imprescindible en el siglo XXI una rebelión de cuerpos” (Beatriz Preciado, filósofa feminista)

El cine fantástico es una búsqueda de algo que no sabemos que ansiamos ver, ya sea algo que genere belleza, terror o morbo, el cine fantástico es la excusa para entregarse a esas sensaciones sin remordimiento. Es también un espejo de la realidad a través de la metáfora, capaz de expresar en hechos irreales cosas reales de nuestra sociedad, de una manera entretenida, que se vale por si misma como pieza audiovisual (además de expresar situaciones de la vida cotidiana) y al no usar personalidades reales o ejemplos existentes puede hacer una critica mucho mas libre de censura, llegando a ser casi una fabula.

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Tiempos Modernos

Escrito por rcb el . Posteado en //03, Comedia, Historia del Cine

Por Eduardo Carrasco

A raíz de la caída de Wall Street que llevó a Estados Unidos a la bancarrota, Chaplin simboliza en esta película la miseria vinculada a la cesantía. En este contexto, previo al rodaje de la película, Chaplin hace públicas sus apreciaciones izquierdistas respecto a la situación económica del país, lo que permite que sea tachado de comunista. En esas apreciaciones manifiesta su temor a que el capitalismo y el tratamiento mecánico en la producción afectan aún más el desempleo y la situación de caos laboral. En medio de todos estos pensamientos, Chaplin ya comenzaba a gestar Tiempos Modernos, un empleado de fábrica que entra en un estado de locura debido al sistema tiránico de trabajo. He aquí el detonante de la película.

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