Cine del ICAIC: Memorias del Subdesarrollo (1968) de Tomás Gutiérrez Alea

Escrito por rcb el . Posteado en //04, Cine Latinoamericano

“Un filme revolucionario sobre la revolución”

por José Henríquez

Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada”

Fidel Castro hablándole a los intelectuales cubanos

“El cine imperfecto entendemos que exige, sobretodo, mostrar el proceso de los problemas. Es decir, lo contrario a un cine que se dedique fundamentalmente a celebrar los resultados. Lo contrario a un cine autosuficiente y contemplativo. Lo contrario a un cine que “ilustra bellamente” las ideas o conceptos que ya poseemos”.

 Julio García Espinoza. “Por un cine imperfecto”

“Si no tomamos conciencia de nuestros problemas, no podemos resolverlos. Para el desarrollo de la revolución es fundamental la crítica de la revolución”

Tomás Gutiérrez Alea

Superando la hora del metraje de “Memorias del Subdesarrollo” cinta dirigida por Tomás Gutiérrez Alea estrenada en 1968, el personaje protagónico asiste como público a una mesa redonda donde discuten un grupo de intelectuales cubanos. La autoconciencia y el sentido del humor de la película sobre si misma se cristalizan claramente durante esta secuencia: Edmundo Desnoes, autor de la obra literaria que inspiró la película, es uno de los expositores y recibe burlas por parte del protagónico en su narración en off. No obstante, lo más interesante ocurre hacia el final de la charla cuando un asistente norteamericano pide la palabra. El joven se presenta y pregunta en inglés: ¿por qué si la revolución cubana es una forma total de revolución tienen que recurrir a una figura tan arcaica como lo es la mesa redonda y engañarnos hacia esta impotente discusión de problemas sobre los que yo ya estoy muy bien informado, y gran parte del público también? ¿No podría haber una forma más revolucionaria de llegar a una audiencia? Este texto de la película permite captar cómo el cine que proviene del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos se está cuestionando a si mismo sobre cuales son las formas cinematográficas más apropiadas para hacer un cine político que tenga fines políticos más allá que el de mera propaganda. Aquí el autor de manera auto-reflexiva está expresando un cuestionamiento sobre como apropiarse de la forma cinematográfica adecuada al proceso que se está viviendo en Cuba, es decir, hay una búsqueda por condensar contenido y forma, o ética y estética. El objeto de este ensayo es desentrañar como se plasma el dispositivo llamado de “Dialéctica del Espectador” acuñado por Gutiérrez Alea y cómo a través de el logra ser más que una película de agitación o de divulgación sobre un complejo proceso político-histórico.

A dos años de que se efectuara la Revolución Cubana, Estados Unidos organiza una tropa de cubanos rebeldes e invade la Bahía de Cochinos con el plan de retomar el gobierno y darle fin a la incipiente Revolución Socialista. La aventura fue un fracaso militar y político mayúsculo para los EEUU y, marca el comienzo del apoyo masivo a Fidel Castro en la isla. Hasta ese momento, Fidel pese a ser uno de los actores principales durante la Revolución, era considerado más que nada un burgués cuyo real compromiso con el comunismo era un misterio. Castro públicamente había evitado afiliarse a una posición de izquierda radical, pero la afrenta norteamericana lo obligó a comprometerse estratégicamente con el bloque soviético y abrazar a viva voz la doctrina del marxismo-leninismo. La figura de jerarca de Fidel se consolida, la oposición comienza a ser oprimida y se sella el embargo económico a la isla caribeña: Cuba comienza a ser puesta a prueba y examinada. Este es el complejo escenario hacia 1961, el tiempo del relato de la película de Gutiérrez Alea. Cuba comienza a ser vista y a verse a si misma.

En medio de este agitado ambiente es el que se mueve Sergio, el cínico protagonista de la película a analizar. Alea filma a un intelectual burgués que se va quedando solo en una Cuba donde la revolución da sus primeros pasos, recibe sus primeros embates y sobrevive a su primer desafío geopolítico importante. Sergio es incapaz de conectar con su entorno y el clima político y mata el tiempo conociendo mujeres, mirando por su telescopio y desmenuzando las debilidades de los demás. Desde un punto de vista de historiografía del cine, la figura de Gutiérrez Alea resulta excesivamente interesante considerando que en su formación fílmica confluyen las que quizá son las tres grandes corrientes cinematográficas que definen al siglo XX: en Cuba fue educado por soviéticos, vivió en Italia donde conoció de primera mano las técnicas neorrealistas y, luego al comenzar a trabajar es cercano a las poéticas de la Nouvelle Vague.

El cine llamado político al estar tan ligado al concepto de “proceso” suele ser de masas y la realidad del entorno suele ganarle en peso narrativo a los personajes, y cuando los hay suelen tener características clásicas del “héroe” convencional. Alea hace una inversión muy interesante: hace una película que es totalmente de personaje, y no cualquier personaje: emplea una figura de antihéroe. Sergio es cínico, poco empático, mentiroso y logra salirse con la suya debido a su posición económica. Todo lo que vemos está mediado por el rol del protagónico y con un punto de vista tan cerrado que la película está totalmente permeada por la subjetividad de este agobiado hombre. No obstante esta mediación se incorpora constantemente el uso de los espacios reales y las situaciones que se generan en ella. Como lo expone Vincent Canby en su crítica del filme en el New York Times: “Sergio está desprendido y agobiado, pero alrededor de él hay un huracán de vida”. Uno de los gestos cinematográficos que suele asociarse directamente con lo “moderno” es el del vagabundeo. El deambular por la ciudad sin un plan claro como imagen recurrente es algo que cruza gran parte de los filmes de la época. Como los personajes de Antonioni, Sergio parece condenado a “observar sin participar” (Haubner, 2006) pero a diferencia de las películas del director italiano donde los personajes viven casi encerrados en sus propias realidades, Gutiérrez Alea no elude el mundo contingente del entorno, es decir, este personaje está de manera explícita anclado en un mundo histórico y existe un comentario sobre ese mundo.

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La distancia de Sergio con Cuba genera al mismo tiempo un distanciamiento discursivo que le permitirá al director generar una película crítica con el proceso político en su sentido histórico. Alea se apropia de esta historia para narrar lo que él quería y creía necesario, y no necesariamente lo conveniente. Consciente del cine como herramienta propagandística y como un arma para difundir reducciones ideológicas, Alea adapta el concepto marxista de la dialéctica y lo traslada al cine narrativo creando la “dialéctica del espectador”. Así se arma una estructura dramática fundamentalmente cuestionadora que asume a la revolución como “algo todavía en proceso”(Parkinson,). La estructura dialéctica de Alea en vez de generar una línea narrativa clara se vale de esa libertad moderna y hacer una cinta casi de corte ensayístico. La misión del director no es narrar en el sentido clásico del termino sino que en buscar una explicación (Cousins, 2005). El concepto de búsqueda es el que estructura la película más que el de saber hacia donde llegar y traspasarle al espectador un mensaje que se lleve para su hogar. Esa es la clave del dispositivo dialéctico del director cubano: unir ideas y dilemas para generar más realidades, no reducirla a una sola. Como él mismo lo explica: “lo que nos interesa en definitiva, no es reflejar una realidad, sino enriquecerla, estimular la sensibilidad, desarrollarla, detectar un problema. No queremos suavizar el desarrollo dialéctico según fórmulas, representaciones ideales, sino darle una vitalidad agresiva, constituir una premisa del desarrollo mismo, con todo lo que conlleva la perturbación de la tranquilidad”. Bajo estas premisas es como el cine del ICAIC se ubica en una vereda que ellos llaman “constructiva” para la revolución.

Otra operación formal que define a esta película es la que se ha llamado la “estética del collage”. Alea mezcla y recombina distintos formatos e imágenes de material de archivo y así logra darle una dimensión visual a la desorientación y confusión del personaje (Rowin, 2010). Empleando el montaje, los sonidos y la plasticidad misma del cine es como el director logra intensificar mediante recursos cinematográficos lo que se ha venido describiendo anteriormente. Este collage hace que entre el mundo exterior en la vida de Sergio que es principalmente pura subjetividad y percepción, trayendo la realidad cubana y el proceso revolucionario a la pantalla. Este tratamiento visual innovador es uno de los pilares del cine cubano de esta época y para Nancy Berthier es lo que define uno de los avances de sus puestas en escena y de su relación con comentario social: “No se trata de adular ni de oponerse, sino de tratar de mejorar a través de una estética (…) Es justo esto lo que constituye la gran especificidad del cine cubano post-revolucionario, lo que complejiza el enfoque, ambiguo si se quiere, pero en ningún caso maniqueo” (Berthier, 2006)

Por lo tanto hemos podido ver como mediante el ejemplo de Gutierrez Alea y su dialéctica del espectador usada en “Memorias del Subdesarrollo” el cine del ICAIC pese a quizá poder creerse desde el prejuicio un cine reaccionario con el proceso revolucionario empleó herramientas enteramente fílmicas para vencer la redundancia y dar pasos adelante en materias de lenguaje. Así pudieron llevar a cabo su inquietud por configurar puestas en escena arriesgadas para metas arriesgadas y ocupar el cine como herramienta crítica desde el campo que le compete: el de las imágenes y el sonido.

  Bibliografía

-Berthier, Nancy. Cine y Revolución: Memorias del subdesarrollo de Tomás Gutierrez Alea. Universidad de París. 2006

– Canby, Vincent. ‘Memories’ Cuban film draws a bead on alienation. Consultado en: http://www.nytimes.com/movie/review?res=9801E4D61330E63ABC4052DFB3668388669EDE. 1973.

-Cousins, Mark. Historia del Cine. Editorial Blume Barcelona. 2005.

-García Espinoza, Julio. Por un Cine Imperfecto.

– Gutiérrez Alea, Tomás. Dialéctica del Espectador. 1982

– Haubner, Steffen. Lo Mejor del Cine de los 70. Editorial Taschen.. Corea del Sur.2006

– Parkinson, David. Memories of Underdevelopment. En: http://www.empireonline.com/reviews/reviewcomplete.asp?FID=134283

– Rowin, Michael Joshua. A Man Apart. En: http://www.laweekly.com/film/aAmanAapartA2167475. 2010

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