Diciembre

Escrito por rcb el . Posteado en //02, Cortometrajes

Por Carlos Vallina

Demozzi, pertenece con plena conciencia a tendencias que se desarrollan en el marco de lo que se denomina genéricamente cine posmoderno. Tal existencia aún en proceso de comprobación crítica posee sin embargo marcas que lo evidencian. Algunas de ellas podrían describirse como un énfasis particular sobre los aspectos morfológicos del film, que valiéndose del tratamiento de la luz, la discreción armónica de los encuadres, componiendo estos últimos cierto grado de resabio clasicista, como por ejemplo su aparente invisibilidad, así también tal transparencia, revela pliegues engañosamente ocultos para la construcción del relato. Decimos aparentes invisibilidades porque suelen confluir y en particular en los trabajos de Demozzi, con una intención que podría considerarse en principio de responsabilidad moral en torno a las conductas de sus conductas narrativas, o quizás forzando a cierto tono de traducción de la política en los términos generacionales a los cuales pertenece el autor. Diciembre instala alguna de esas tensiones tales como la presencia de la sexualidad como actante simbólico y explícito, denotativo y sugerente, con rasgos en algún sentido (forzando el término) obscenos, es decir desaforados que sin embargo ocupan fragmentos compositivos de la pantalla como indicativos a través de la mirada de una condición del deseo que se ve – desde nuestra perspectiva- más como declaración, como saturación de la puesta en escena que como evanescencias eróticas. Los tres personajes, están atravesados fundamentalmente por esa condición de simulacro del mundo posmoderno, que quizás afecta el ingreso más “ingenuo” o si se quiere inocente al descubrimiento de la potencia de lo oculto en esa vuelta de tuerca de la coexistencia de los cuerpos. El cuchillo inicial devastando vegetales incomoda al varón mientras la que oficia de supuesto acto culinario (donde se observa cierta pretensión, que comentaba A. Bazín, en carácter de crítica, aludiendo al riesgo de imponer a un símbolo antes de su constitución en signo), trabaja referencias oníricas de carácter freuidiano tales como las analogías: Falo – Cuchillo, con las consiguientes potencialidades castratorias, mientras la tercera en discordia, de conducta transgresora y asocial, es presentada sin previo desarrollo de las pulsiones, como un objeto de deseo que en realidad se sustancia a sí mismo en el acto masturbatorio. Las conversaciones sobre viajes, u otras expectativas de ocio, revelan algunas relevantes tradiciones cinematográficas en el marco de las lógicas psicoanalíticas, tales como el mundo de Buñuel, como por ejemplo El ángel exterminador, u Ese oscuro objeto de deseo, en donde los protagonistas y en este caso la supuesta antagonista a pesar de la aparente aireación del paisaje exterior, se encuentran atrapados en una lógica que carece de sentido al evidenciar la carencia de proyecto; y en consecuencia de lazos reales, de relaciones comprobables, de problemáticas materiales reconocibles. La configuración de ese universo, en el marco de la construcción realizativa, se ve quizás forzado, por elementos aparentemente externos, tales como indicios de una crisis del mundo circundante, y tal irrupción pretende poner en cuestión la vacuidad, el sin sentido, la desmaterialización de las relaciones que fluyen en encuentros cuyo distanciamiento corre el riesgo de ver exhibido menos una perspectiva de “amor líquido”, que un uso abusivo de la historia de la dramaturgia bretchtiana, sería considerado como un extremo distanciamiento que observa con frialdad la conducta de los seres observados, quizás sin la comprensión, ni la “piedad” necesarias, para no obtener solo una condena ética, sino también una razón humana. Dicho de otro modo, el ambiente narrado, funde dos niveles de representación, uno tangible aunque elusivo en su presencia, y otro aludido con la intención de señalar la existencia de una realidad que el espectador debiera unir en su consideración final. A nuestro juicio, este planteo quizás encuentre una noble factura en el plano morfológico, pero quizás por la duración relativamente breve, por la irrupción algo lejana del concepto de crisis social o política, y también por que las oportunidades del autocuestionamiento de los personajes no alcancen a constituirse en el nivel narrativo en una madurez de sentido al finalizar el relato. El comienzo del film con la maravillosa ambigüedad del texto sobre el Aniceto y su visión de la ideología por parte de Leonardo Favio marca un discurso extraído de una propuesta estética (la de Favio) en donde lo planteado en los párrafos anteriores fusiona armónicamente lo social, lo político, lo existencial y lo estético de modo orgánico, proceso que en Diciembre se percibe como posible, como incipiente, como expectante, pero a nuestro juicio no absolutamente logrado. Y esto quizás obedezca a que la misma línea conceptual en la que se mueve Demozzi para los fines artísticos de su trabajo fílmico, ha vuelto a recurrir a una contradicción que fue resuelta ya en términos de práctica teórica y realizativa respecto a la separación entre formas y contenidos. Nos permitimos con respeto este modo comparativo: donde Favio convence, Demozzi promete.

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