FRANK: APROXIMACIONES

Escrito por rcb el . Posteado en #especialmusica, Música

Por Pablo Molina Guerrero

En un escritorio incómodo, recién auto-medicado y luego de fumar el cigarro que no debiera y que me hace toser, me dispongo a digitar qué impresiones un tanto imprecisas tengo del filme Frank (2014, Lenny Abrahamson). Escucho a Iggy Pop y recuerdo eso que decía Nietzsche acerca de que “sin música, la vida sería un error”. A veces, pienso que en este mundo moderno con la música tan a mano es también un tipo de error, aunque de otro calibre.

Frank inicia con un hombre fracasado llamado Jon, quien siente pasión por la música, pero que trabaja en algo que simplemente no le llena, como le pasa a tantos en tantas áreas. Es entonces, que por una jugada del destino y sin que él se lo proponga, se le ofrece la oportunidad de unirse a una banda de la cual no sabe nada. Poco a poco se da cuenta que es un grupo de gente bastante heterogénea y extraña según las normas corrientes. Ante su vida monótona y gris es la perfecta forma de huir.

Es en este “circo” ambulante, destacado principalmente por el vocalista quien ocupa una máscara gigante, donde se irá sintiendo parte de algo. Jon cultiva sin saberlo la idea del “genio artístico” centrando sus ideales y admiraciones en Frank, un misterioso hombre de quien se dice que proviene de un hospital psiquiátrico. Esta idea del “genio” tan multiplicada en nuestra época moderna pero proveniente del renacimiento europeo, se convierte en lugar común en películas basadas en “artistas”. El otro es un “genio” y nos identificamos en nuestras frustraciones con él, como la forma de intentar librarnos de ellas o viviendo parasitariamente.

La película juega con una serie de situaciones hilarantes pero, siento un ligero símil con la forma de ser de los personajes en Wes Anderson. Extravagantes y outsiders. Absurdos. Suposición acertada o no, definitivamente siento que existe una conexión. Todos estos personajes heterogéneos no podrían crear otro tipo de música que no fuera experimental, lo cual no la hace apta precisamente para un público masivo, lo cual generará problemas decisivos en la banda mientras avanza el metraje.

Jon, nuestro personaje principal, proveniente de su vida monótona de funcionario, cuya forma de escape eran sus intentos de crear música en casa así como la evasión propia de las redes sociales, instalará una suerte de bitácora online durante su periplo con la banda. A medida que él va ganando terreno en la agrupación, se va generando cada vez más una intervención del texto sobre la imagen de modo ilustrativo a lo que ve o recibe como posts. Esta mediatización espectacular de lo acontecido me parece un recurso burdo, fácil y poco estético, instalado en la película como una forma de exhibir el conflicto en que entrará Jon con el grupo y a su vez nuestra dependencia a la Internet.

Sus posts se convierten en marketing, alimentando las esperanzas de Frank de poder exhibir a la mayor cantidad de personas el último disco que han preparado. En esta sección de la película, Jon se hace cada vez más predominante para la banda, convirtiéndose en además de tecladista en el manager. Si bien sus intenciones son en principio benignas, poco a poco, nos damos cuenta de que su sed de reconocimiento va destruyendo a la banda al tratar de llevarla hacia un camino absolutamente diferente del que venía, desde el experimental hacia un pop indie. Punto conflictivo en todas las áreas “artísticas”: la pasión o la popularidad.

Es en esta tensión entre lo que somos y lo que debemos ser para poder obtener la aceptación deseada, que los roces desarman a la banda y llevan a Frank a una suerte de depresión para luego desaparecer frente a Jon dejando su máscara rota en el suelo. Lo cual llevará a Jon a un periplo en que observará que la agrupación no era más que una serie de personas dañadas pero, aún así más normales de lo que pensaba. Finalmente, ya sin máscaras físicas logra reunir al verdadero Frank, con el resto de su banda en el único lugar posible, una vieja cantina en la que a nadie le importa quienes tocan, mientras Jon desaparece.

Frank, la película, es una mascarada. Frank como personaje nos es incluso más cercano que Jon, quien demuestra diversas formas de ser-parecer durante el filme. La conjunción de máscaras tanto físicas como virtuales, una máscara puede ocultar otra máscara, me recuerda al ensayista Martín Cerda anotando: “Hoy es el rostro de cada transeúnte el que se ha vuelto la sombra de una máscara ya conocida, como si toda su vida sólo fuese la representación de otra vida que se recuerda, simula o anhela”, “la propensión generalizada a disfrazarse, no sólo ante los otros, sino frente a sí mismo, ha determinado que todo acto, reunión o ceremonia se convierta en una mascarada”, ya que después de todo aquel que aparenta algo (hoy en día todos) revela “un homicidio particular: haber estrangulado previamente al que se era o, lo que es más grave todavía, al que se pudo ser.”

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