Jean-Luc Godard-Le Mépris, la tragedia del deseo. Un escrito impresionista.

Escrito por rcb el . Posteado en //04, Diplomado Estética y Crítica de Cine

Por Mauricio Guzmán S.

El cine sustituye al mundo por uno en mayor armonía con nuestros deseos.

André Bazin

 

Las ciudades donde se construían realidades a imagen y semejanza de los deseos propiamente humanos, han desaparecido. Las ciudades donde se realizaba y cumplía aquello que hace de estos animales distintos a los demás – el deseo o la facultad de desear – han sido destruidas por los mismos quienes tanto las habían imaginado. Por quienes tanto las habían deseado.

Las Cine Citat yacen en ruinas, ya no hay dioses ni guerreros, el deseo mismo de producir unas realidades y unas imágenes distintas a la realidad cotidiana ha sido castigado.

Y en cierto modo, Le Mépris de Godard, es un homenaje a esa búsqueda de lo bello, a aquello que ha sido castigado, a esa búsqueda de los deseos y su satisfacción por medios que están más allá de la realidad directa y cotidiana. Le Mépris, es un homenaje a esa necesidad de construir y prevalecer, tan propia y  característica de lo humano.

¿Por qué digo que el deseo nos constituye?¿ Por qué pienso que el deseo nos hace distintos a todas las demás especies del reino?

El deseo nos hace distintos a otras especies porque no es meramente instintivo – al menos el deseo como lo conocemos y sólo conocemos, en su forma puramente humana- sino que en estricto rigor es racional, y lo es en tanto que el deseo no es el mero instinto de placer saciado en el inmediato y directo contacto con otras pieles, otras carnes y otras sangres. El deseo es entonces, en su complejidad; la propiedad de imaginar y fantasear respecto a lo que haríamos en posesión de aquello que no nos pertenece -por lo menos en propiedad- pero que nos constituye como semejantes, como una existencia, como una voluntad. Para decirlo de otro modo, el deseo requiere antes que todo ser soñado e imaginado y exige ser satisfecho mediante el uso de la fuerza, exige el sacrificio de la voluntad y que ésta desaparezca en el cumplimiento de su destino.

He aquí, en este punto de convergencia entre imaginación y voluntad, donde nace la tragedia que Godard nos relata en Le Mépris. Porque si desear requiere en una primera instancia ser imaginado, en un segundo momento, aquello que se anhela, aquello que se desea, debe ser alcanzado y conquistado. Y es en esta conquista de aquello que deseamos, en la satisfacción del deseo, cuando por primera vez los humanos nos vemos enfrentados a los dioses, porque desear significa tomar aquello que deseamos, y requiere, de forma indefectible, enfrentarse con la vida, de otros, de los dioses y en última instancia de sí mismos.

stillemall_mepris_03

El desprecio y la tragedia de lo bello

En lo humano, lo bello está atado al paso ineluctable del tiempo. Lo bello, perecedero y destinado al devenir del tiempo, está destinado a ser destruido.  La búsqueda humana de lo bello imperecedero e inmortal, nos confronta con los dioses, pues son ellos, las encarnaciones imperecederas de las fuerzas de la naturaleza en formas humanas, los únicos portadores de una belleza indestructible.  La pretensión humana de no perecer, de no rendir cuentas al tiempo, de romper con sus barreras y  límites, de desear una belleza más allá de la carne, será motivo suficiente para hacernos acreedores de un castigo. ¡Pues no es si no el deseo por lo bello el deseo mismo de vencer al tiempo y a sus guardianes!. ¿Acaso no es ese el destino propiamente trágico que recae sobre Paul, pero ya no en carne propia, sino en la figura de su mujer? Paul es castigado por querer y desear más allá de lo que se le está permitido. O justamente, por no querer y dejar de desear aquello que le es próximo y directo ¿Pero son los dioses quienes castigan a Paul? ¿Acaso no son los mismos dioses quienes nos han abandonado y quienes nos han despreciado?

Si el deseo nos enfrenta con los dioses, la muerte, a modo de consuelo, nos aleja de ellos. Pero en definitiva, como bien afirma Fritz Lang, la ausencia de los dioses es lo que constituye la verdadera tragedia humana, la ausencia total, el desamparo y la soledad. No son los dioses quienes castigan a Paul, es Camille quien lo castiga con su vida, así tenemos que el deseo de uno es el castigo del otro.

El desprecio a lo humano, su total abandono en el mundo y sus pequeñas batallas cotidianas, hacen que esta relectura de La Odisea, tengan un carácter y un tono existencial desgarrador. Que además nos provee de un clima que nos revela la nostalgia por aquello que abandonamos y perdemos en el cumplimiento de nuestra voluntad, en la satisfacción de nuestros deseos.

Esta tragedia, desprovista de toda concesión hacia los tintes esperanzadores que tanto gustan a la Industria, guarda sin embargo, en el infinito horizonte de Capri, la insaciable búsqueda humana por la belleza. Por prevalecer en el tiempo.

Etiquetas:, ,

Deja un comentario

UA-43685925-1