LA RUDEZA NO ES SUFICIENTE

Escrito por rcb el . Posteado en //01, Diplomado Estética y Crítica de Cine

Por Alejandra Villanueva Contreras  

El box es considerado uno de los deportes más brutales. Analizarlo implica moverse por varios temas y exige comprender las condiciones en las que se configura como práctica de competición.

El objetivo de este ensayo consiste en poner el foco en algunos de sus elementos más característicos: la disciplina del boxeo como práctica de modelación, las condiciones socioeconómicas que sirven de contexto a los boxeadores y, finalmente, algunas representaciones culturales que se pueden encontrar en el cine. Para ello se analizarán cinco películas de distintos años y diferentes directores, éstas permitirán ilustrar y profundizar acerca las temáticas señaladas.

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I. El cuerpo del boxeador es su principal herramienta. Joyce Carol Oates (2006) escribió que, tal como los bailarines, un boxeador “es” su cuerpo y éste se encuentra plenamente identificado con él. No por nada el sistema de clasificación de los pesos es tan relevante; no sólo porque define el nivel en el que se encuentra el boxeador, sino también porque mantener o modificar el peso conlleva un período de preparación importante.

Es posible considerar al box, más que como un deporte, como una disciplina. Investigadores y escritores que han abordado el tema tienen presente que hay una imprecisión no sólo de lenguaje sino también del sentido representacional al decir que “se juega al box” (play box)[1]. Se juega al fútbol o al tenis, pero resulta difícil decir que se juega a boxear. En cualquier deporte la lógica consiste en definir un objeto por el cual se disputa, en ello se despliegan todas las estrategias colectivas o individuales para lograr el éxito. Pero el box va más allá, pues en la consecución de este objetivo muchas veces se pone en juego la vida, lo cual tensiona los límites de lo lúdico y lo instala como un deporte de combate. Es por este motivo que también genera tantas reacciones contrarias y de rechazo, pues la violencia que se expone en el ring es difícil de asimilar por espectadores que no comparten esta pasión.

Si bien este despliegue de fuerza y golpes parece natural, en realidad no hay nada en esta disciplina que no esté profundamente normado. Ciertamente hay un sentido coreográfico en la lucha que tiene un carácter rupturista y de improvisación, pero que está minuciosa y prolijamente pulido así como profesionalmente organizado. Teniendo esto en cuenta, el box parece consistir en la preparación disciplinaria de cuerpos para ser puestos en combate, donde no sólo se precisa del talento innato de los púgiles sino también de un verdadero ascetismo donde se modela tanto el alma como el cuerpo.

Uno de los principales elementos de la disciplina consiste en la etapa de entrenamiento. Esta etapa no concluye una vez que el boxeador ha logrado ciertos éxitos en su carrera, sino que se mantiene como una práctica paralela constitutiva de la preparación total, la cual culmina con la exposición espectacular en el ring. El entrenamiento consiste en un trabajo rutinario de ejercicios combinados dentro del gimnasio y fuera de él (el road work o running donde se deben recorrer varios kilómetros diariamente). Además debe complementarse con una dieta estricta que privilegie las proteínas y que excluya cualquier consumo extra de azúcares, alcohol y grasas. El tono muscular, el peso deseado para cada nivel de competición y el nivel de rendimiento, están sujetos al seguimiento estricto de estas reglas que, poco a poco, el boxeador debe convertir en hábito.

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En las películas seleccionadas, estos elementos aparecen de forma diversa. En todas aparece como escena ineludible la severa disciplina, pero sobre todo y particularmente en Million Dollar Baby (2004). En ella se puede observar cómo progresivamente se va transformando el cuerpo de la protagonista y cómo esto se va representando desde la rutinaria preparación física a la que se somete. En la oficina de Frank, su entrenador, se observa la frase Tough is not enough (La rudeza no es suficiente), lo cual implica que cualquier tipo de preparación física también significa necesariamente una preparación mental que le permita al boxeador novato tomar la determinación de subirse a un ring y combatir. El momento del combate exige concentración, pero también una fuerza que no puede ser sólo física, pues la lucha pone al cuerpo al límite de sus capacidades, y el púgil debe ser capaz de sobreponerse al cansancio, la fatiga, los golpes y la humillación, todo para conseguir los puntos necesarios o, si tiene más éxito, el knock out que le asegure la gloria.

 

Odié cada minuto de entrenamiento, pero dije: ‘No renuncies. Sufre ahora y vive el resto de tu vida como un campeón’”. (Muhammad Ali).

 

La disciplina del entrenamiento también se observa en The Fighter (2010) y en Buttling Butler (1926). En esta última, se destaca la importancia de las dietas que deben seguir los boxeadores. En una de las escenas, Alfred Butler (Buster Keaton) tras una intensa sesión de entrenamiento, se sienta a la mesa a disfrutar de la cena. Su mayordomo, como es usual, le trae un aperitivo, pone un cigarrillo en su boca para relajarlo mientras llegan los platos. Antes que Butler consiga probar un trago o pegar una calada a su cigarrillo, ya su entrenador aparece encima sustrayéndole todos los vicios y cambiando el menú tradicional por una cena light y nutritiva.

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Por otro lado estos elementos parecen tener menor relevancia en Toro Salvaje (1980) y Mi último Round (2012). Da la impresión que en el caso de la primera el acento no está puesto en la etapa de formación del protagonista, pues la película comienza con una escena de su etapa madura, donde ya retirado y hacia el final del film, Jack LaMotta elabora y declama algunas rimas sobre el box, en un bar del que es dueño.

Toro Salvaje es la historia sobre un campeón consolidado y su posterior decadencia. Este momento pareciera ser el desenlace de un personaje con un carácter difícil que no logra controlar sus impulsos celópatas y paranoides, y que lo lleva a romper con todas las relaciones afectivas más cercanas, entre los cuales se encuentran su hermano/ex manager y su segunda mujer. Por otro lado, nunca vemos a Jack LaMotta entrenando, lo cual da la impresión de un boxeador con gran talento pero de débil predisposición a la disciplina. Esto es más evidente hacia el final de su carrera: LaMotta no puede parar de comer y su peso se transforma en el principal problema para su condición física y su autoestima, lo cual lo sumerge en cuestionamientos donde la inseguridad va fugándose violentamente hacia su mujer. LaMotta termina convertido en un vividor decadente, asiduo a la bebida, las mujeres y la comida. La imagen final es la de un gordo abandonado que intenta realzar permanentemente sus glorias pasadas.

En Mi Último Round tampoco se observa que el foco se encuentre en el entrenamiento (lo hay pero no es central), lo cual podemos relacionarlo a que el personaje se encuentra retirado. Sin embargo se verá forzado a pelear una vez más por necesidad. Será en ese momento donde se ponga en juego la supervivencia cotidiana y la vida.

La figura del entrenador es central en la formación del púgil. Fuera de entrenarlos también tiene la tarea de representar la figura de autoridad, una figura moral que refuerza este doble modelamiento del cuerpo y el carácter del luchador. En cada una de las películas aparece esta figura que instala una tradición en la formación disciplinaria y que se pude analizar como un modelo de educación no formal de estos sujetos. Hay un significado complejo en esta relación, pues si bien la tarea del entrenador consiste en ir puliendo cuerpos indisciplinados o bárbaros (especialmente porque muchos de los boxeadores provienen de sectores marginales y se han vinculado con situaciones de violencia) para una vez normados, exponerlos en un ring donde el noble arte se expresa con toda brutalidad.

Como se ha mencionado, la brutalidad del combate de box no es natural sino fruto de una prolija preparación física y del carácter. Existe un entramado cuerpo-mente que asemeja una máquina donde se mezcla el instinto y la razón. El instinto que hace que el boxeador esté dispuesto a agarrarse a golpes, y la razón que le permite leer los movimientos del adversario y protegerse o responder certeramente: el cuerpo es el estratega espontáneo (Wacquant, 2007:96).

               

II. La concepción generalizada es que el origen de los boxeadores es muy humilde[2]. Enfocándonos en las películas seleccionadas podemos observar que en todas ellas hay un retrato de la marginalidad y de los no integrados.

Buttling Buttler de Buster Keaton es la excepción, pero no lo hace sino desde la comedia y haciendo una parodia al cuerpo elegante de las clases altas. El personaje principal es el hijo de una familia rica que es enviado a acampar para hacerse hombre; va con su mayordomo quien prepara todo (comidas, baños, cacería, etc.). Casualmente conoce a una chica y por equivocación se verá obligado a entrenar y pelear en un ring. La película muestra la torpeza de un personaje de vida cómoda, que con una ridícula elegancia intenta vincularse con este deporte de hombres para dejar de ser un debilucho y así ganar la mano de la chica.

Todo el resto de las películas retrata las precarias biografías de sus personajes, en algunas de ellas segundas generaciones de migrantes (italianos, irlandeses) y en otras a provincianos que, convencidos de sus capacidades viajan hacia la ciudad para comenzar el entrenamiento (Million Dollar Baby, Mi Último Round). Vemos problemas familiares de distinta índole y varios de ellos retratados en su agresividad cotidiana, miserias humanas por doquier de las cuales los boxeadores intentan sobreponerse a punta de esfuerzo.

En personajes con tan pocas oportunidades reales de salir de la pobreza, no es raro que uno de los espacios de escapatoria sea el gimnasio. Un espacio protegido y disciplinante que va llenando de sueños a aquellos jóvenes con talento, dispuestos a todo por conseguir reconocimiento y finalmente la trascendencia de ser campeones.

Quizá el box podría leerse como un fuerte sistema de creencias, una religión que da sentido a los devotos y especialmente a los disciplinados monjes del noble arte. Creo que no podría entenderse la disposición a que te partan la cara si no es porque se cree profundamente en ese estado superior que es la gloria. La catarsis y ritual de esta devoción está en el combate. También hay un sentido práctico asociado al talento y el esfuerzo del púgil. “Personas empobrecidas se prostituyen del modo que tengan a la mano, y el box en sus niveles más bajos ofrece una oportunidad para los hombres de ganarse la vida de algún modo. De hecho, si el boxeador es afortunado y no se lesiona, el boxeo podría pagarle mejores sueldos que la mayoría de los trabajos disponibles para un hombre no calificado y sin educación en nuestra sociedad post-industrial” (Carol Oates, 2006:34).[3]

Resulta difícil comprender que jóvenes talentos del box estén dispuestos a entregar un período de su vida, donde pondrán su cuerpo a disposición de la disciplina (de una profesión que desgasta el cuerpo de manera permanente) para conseguir el momento cúlmine de la gloria, sabiendo que después de ello no habrá nada mejor. Que no hay mejor momento que cuando se obtiene el título de campeón y quién sabe si fuese mejor perder la vida allí para mantener el imaginario del héroe y no padecer la decadencia, que es otro de los elementos a los que recurren gran parte de las películas.

Muchos de los retratos que se hacen de los boxeadores (Toro Salvaje, The Fighter) muestran esta doble faz de la disciplina, y parece que en varios casos el contexto funciona como un elástico que los tira hacia atrás y es contra él que tienen que luchar, contra la violencia, la pobreza, las drogas. El box desde esta perspectiva funciona como un espacio de salvación, una institución brutal que instala una fe muy sólida que permite soportar el padecimiento físico de las golpizas.

Los campeones no se hacen en gimnasios. Están hechos de algo inmaterial que está muy dentro de ellos. Es un sueño, un deseo, una visión”. (Muhammad Ali)

             

III. Es evidente que la imagen que muestran los films no se acerca a la realidad del box. No debe ser lo mismo asistir a una velada que verla por televisión, como tampoco lo es ver una película donde el montaje y la fotografía hacen un gran favor en armar imágenes de alto vuelo poético. El preciosismo de las imágenes, especialmente en Toro Salvaje, hace que enfrentemos con distancia la golpiza entre los contrincantes. Uno suele esbozar una  mueca y un gemido cuando saltan los efluvios, cuando la piel se fisura, una nariz es fracturada o cuando cae sanguinariamente el boxeador sobre la lona. Parece que el gesto de tender a cubrirse el rostro cuando la escena es demasiado brutal, se acentúa cuando el púgil es una chica.

El ring y el gimnasio de estudio tienen otras disposiciones, los sonidos resultan espectaculares, las peleas y los golpes certeros en cámara lenta prolongan un combate que, en realidad, dura pocos minutos[4]. La violencia se representa de manera artística y la apreciamos como si fuese un cuadro en movimiento.

En estas imágenes sangrientas y la estructura de las películas, creo que se van narrando cinematográficamente las representaciones sociales predominantes. De un lado tenemos una narrativa que realza valores positivos tales como el esfuerzo, la disciplina, la perseverancia. Mientras que de otro, los bastiones más clásicos de la masculinidad dominante como el patriarcado y varias formas de sus violencias contra los dominados –hombres más débiles, mujeres, homosexuales-, se ven exaltados. Quizá la potencia más interesante de las películas sobre box es que nos muestran desde géneros distintos (drama, comedia, biopic) los referentes simbólicos de nuestra cultura.

¿Pero qué hay de violento en las películas sobre el box? ¿Es la disciplina en sí misma lo violento? Tiendo a pensar que lo violento está más relacionado con las biografías de los boxeadores, con las realidades que les toca vivir y que la práctica de este noble arte es una representación de sus luchas cotidianas y de la necesidad de moverse constantemente para evadir los ataques, la búsqueda del momento y lugar adecuados donde poder demostrar sus talentos -donde asestar un golpe- y, finalmente, el combate permanente por superar las precariedades y lograr noquear la adversidad y ser los mejores, los campeones.

 

 

Bibliografía -Joyce Carol Oates (2006). On Boxing. The Ontario Review, Harper Collins e-books. -Loïc Wacquant (2007) Entre las Cuerdas. Cuadernos de un aprendiz de boxeador. Editorial Siglo XXI, Buenos Aires, Argentina.     Linkografía -Antonella Estévez. Mi último round, de Julio Jorquera. En http://www.cinechile.cl/crit&estud-157 -Pablo Mérida (2006) El Boxeo en el Cine. Con la cámara entre las cuerdas. En Kane 3. http://www.kane3.es/cine/el-boxeo-en-el-cine-con-la-camara-entre-las-cuerdas.php -Ellis: El último boxeador chileno fallecido tras una pelea. En http://www.latercera.com/noticia/deportes/2012/12/656-501110-9-ellis-el-ultimo-boxeador-chileno-fallecido-tras-una-pelea.shtml     Películas Battling Butler (Buster Keaton, 1926) Toro Salvaje (Martin Scorsese, 1980) Million Dollar Baby (Clint Eastwood, 2004) The Fighter (David O. Russell, 2010) Mi Último Round (Julio Jorquera, 2012)    
Notas
[1] Varios de los textos revisados están originalmente en inglés, algunos son traducidos y entre paréntesis mantienen algunas denominaciones del idioma que permiten debatir sobre los usos del lenguaje.
[2] No quisiera discutir este asunto acá, pero en el texto de Wacquant (2007) hay un buen contrapunto al respecto.
[3] La traducción es mía. En el original: Impoverished people prostitute themselves in ways available to them, and boxing on its lowest levels offers an opportunity for men to make a living of a kind. In fact, if a boxer is fortunate and isn’t injured, boxing will pay him better wages than most of the jobs available to unskilled and uneducated men in our post-industrial society.
[4] http://www.kane3.es/cine/el-boxeo-en-el-cine-con-la-camara-entre-las-cuerdas.php

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