Sácate la venda

Escrito por rcb el . Posteado en //03, Cine Chileno

Por Matías Jiménez

“El cuerpo, primer territorio sometido y moldeado por el poder”. Michael Foucault

En lo particular, siempre he tenido una inquietud por contar algo sobre “La Venda Sexy”. Lugar que se caracterizaba por los vejámenes y violaciones de todo tipo. Se le decía la “Discoteque “, ya que para acallar los gritos de las torturas, ponían música ambiental. Este centro de torturas funcionó continua y sistemáticamente entre los meses de agosto a diciembre de 1974, aunque siguió siendo utilizada ocasionalmente en fechas posteriores. Durante el período en referencia una treintena de personas fueron muertas como producto de las torturas que les fueron aplicadas, o simplemente, fueron asesinadas.

Había una mujer, Ingrid Olderock, quien tuvo a cargo el entrenamiento del perro pastor alemán ´Volodia´-en referencia a un entonces alto dirigente del Partido Comunista- para violar a las detenidas que eran forzadas a asumir una posición que facilitara la penetración por parte del animal. También se cuenta que los “Exquisitos” de los celadores no les gustaba violarlas cuándo estuvieran con la regla, así que las chicas organizaron un plan: si una de ellas andaba en ese periodo, tenía que manchar una toalla con sangre para que las otras aparentarán andar con la regla. Me parece notable cómo ocuparon su menstruación para disminuir su opresión. Un hecho tan real y orgánico para resistir. Acto que se lleva mi profunda admiración.

Michael Foucault en su gran obra Vigilar y castigar, hablaba del panóptico, donde un vigilante se sitúa sobre una torre y custodia al castigado. Nosotros no podemos ver a nuestro carcelario, pero, sabemos de su presencia. Según Foucault: “El panóptico una construcción … (de celdas y espacios) donde cada prisionero es perfectamente individualizado y constantemente visible (a los ojos de quien observa), mientras que, desde la celda, el reo no puede observar quien lo observa si es que lo observa alguien”. La posibilidad de no verlo puede transformarse en un método mucho mas eficaz y terrorífico de control social. Así la persona vigilada es sometida a una normalización que busca individualizarla; “La disciplina ‘fabrica’ individuos; es la técnica específica de un poder que se da a los individuos a la vez como objetos y como instrumentos de su ejercicio” En otras palabras, por medio de la disciplina se puede enseñar a los sujetos para que sean útiles y “El cuerpo sólo se convierte en fuerza útil cuando es a la vez cuerpo productivo y cuerpo sometido” Por tanto, la disciplina busca fiscalizar y controlar la conducta, sus comportamientos, sus aptitudes, sus preferencias, a través de diferentes formas. Imagínense a las chicas de “La venda” que fueron atacadas por una entidad que solo pudieron escuchar y sentir, “A estos métodos que permiten el control minucioso de las operaciones del cuerpo, que garantizan la sujeción constante de sus fuerzas y les imponen una relación de docilidad-utilidad, es a lo que se puede llamar las ‘disciplinas'”. En la Venda el cuerpo es expuesto como objeto de poder para ser sometido.

El documental de Gloria Camiroaga propone una nueva mirada en la concepción de este tipo de relatos, utiliza la lógica testimonial para dar cuenta de un grupo de sobrevivientes de este tenebroso lugar. Algo tiene este trabajo que lo hace diferente, hay una intención de subvertir los eslabones clásicos en la narración. La cámara no se queda fija, alejándose para asumir una diferencia. El montaje plantea un cuestionamiento a lo patriarcal y la cosificación de la figura femenina. De pronto nos encontramos entre medio con imágenes de un rodeo, donde la indolencia masculina castiga sin clemencia a otro ser. La película asume una postura mas allá de un hecho en dictadura; proclama la re valorización de la mujer bajo el yugo represor de la masculinidad.

Propuesta que remece con su desgarrador testimonio, jugando con nuestro imaginario, penetrando cada uno de los detalles de su inconsciente castigo. Hay que hacernos cargo, sacarnos las vendas de nuestro ojos. La sociedad actúa cómo los verdugos de la venda; cegándonos los ojos de una verdad que insisten con no mostrar.

   

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