Una apología a la poética de AKIRA KUROSAWA

Escrito por rcb el . Posteado en //04, Historia del Cine

Por Sebastián Ramírez

Elevar un discurso a favor de la obra de Akira Kurosawa (1910 – 1998) puede parecer banal o innecesario hoy en día, tratándose de uno de los maestros del cine japonés. Además se puede agregar, que en general, las sociedades tienen la mala costumbre de ensalzar las grandes figuras en forma póstuma, y si de eso se trata, la figura de A.K. ya está más que consagrada. Sin embargo éste ensayo puede servir  de puente histórico así como de retrospectiva en función a los cabos sueltos en torno al trabajo del realizador nipón.

Un buen punto de partida puede ser analizar las críticas nacionalistas recibidas de la obra de Kurosawa donde se tildan algunos films de “occidentalizados”. Es interesante pensar desde la actualidad, donde, por ejemplo, existen obras como la novela Tokyo Blues del escritor japonés Haruki Murakami donde la tónica principal ya desde el título evoca  un híbrido cultural que se asume como tal, desde el momento que aparece la post modernidad como una realidad social. El aspecto curioso es que, al margen de los conflictos históricos bélicos, que de por sí generaban segregación cultural, así como exacerbación del nacionalismo, la post modernidad estaba siendo un fenómeno que de la mano de la victoria del capitalismo, estaba transgrediendo y fusionando una serie de cánones culturales desde el término de la segunda guerra mundial.  Este aspecto se puede observar en uno de los films de tratamiento más objetivo de Kurosawa, debido a la influencia del Neorrealismo Italiano que se aprecia en El perro rabioso (Nora Inu, 1949), pues, situándonos en un contexto sumamente japonés aparecen actividades adoptadas de la cultura norteamericana como la escena en el estadio de béisbol (deporte por excelencia estadounidense) o la escena donde aparecen bailarinas de cabaret con trajes sumamente europeos. En relación a lo anterior, y con el tratamiento particular del film citado, el rol de Kurosawa como autor no es otro que el proyectar el imaginario colectivo de la sociedad con sus propias actividades idiosincráticas.

Pasajes como el del estadio por momentos parecen parte de un documental, así como por otro lado, el espectáculo cabaret, parece proveniente de los cafés franceses desde 1881.

Si bien El perro rabioso es un film anterior a la consagración de A.K. como director, es paradójico que el momento en que se destaca como realizador con Rashomon (Rashōmon, 1950) ya esté haciendo un tratamiento histórico sumamente nipón, adscribiéndose de algún modo al género jidaigueki que relata el Japón feudal, a diferencia del gendaigueki que relata el Japón moderno como el caso de El perro rabioso.

Con Rashomon aparece un tratamiento estilístico además, que realza a nivel mundial el cine japonés, presentando en su génesis la primera película que narra un tribunal de justicia como eje central, con diversos puntos de vistas de los implicados desde la tradición oral y la evocación de los hechos (o la magia, cuando se narra desde el personaje asesinado con un medium).  Es preciso zanjar una defensa hacia el cine de A.K. basándose principalmente en que la lista de films que dejó como legado se sustentan por sí mismos en términos discursivos y estéticos. En función a la dialéctica que hacen esas dimensiones estéticas y discursivas aparece el Kurosawa que Spielberg denomina como el Shakespeare del cine, pues ante la democratización de los accesos que el capitalismo y post-modernidad proveen, se exacerban las contradicciones humanas y qué mejor coyuntura para un autor, estudiar y profundizar la naturaleza humana, aquella que se da sobre el caos y la individualización del ser humano.

Como se señala en un estudio, aparece un “interés del cineasta por definir sus personajes dentro de un sentido de mutualismo y el abandono del individualismo.” El mutualismo se vuelve un concepto clave dentro de su poética.

El libro más connotado de estudios en torno a la figura de Shakespeare del autor Harold Bloom lleva por nombre: Shakespeare, la invención de lo humano. Este libro hace un estudio minucioso de todas las obras teatrales del dramaturgo inglés teniendo como premisa esencial el hecho del cambio de paradigma que genera el legendario dramaturgo con sus obras, abandonando por completo la figura de los dioses en las tragedias, para que sea la normativa de causa y efecto de las acciones humanas la que derive las tragedias. Así mismo se enfatiza la profundidad psicológica de los personajes y dejan de ser meros arquetipos sociales. Todos los elementos mencionados anteriormente pueden leerse perfectamente en la traducción cinematográfica que hace Kurosawa, tomando de referencia al mismo Shakespeare en dos ocasiones con Trono de sangre (Kumonosu-jô, 1957)  y Ran (Ran, 1985).

Es imprescindible inventar a la humanidad en el arte para que ésta pueda reflexionar desde una perspectiva histórica constructiva, y en el caso del director nipón, todas sus películas han tenido una fuerte impronta social, que intenta reflexionar profundamente sobre los desastres de la guerra, el abuso de poder, la miseria y el fatal desenlace al que pueden conducir las pasiones humanas.

Considerando la inmensa profundidad temática de las obras del realizador en cuestión, se hará una suerte de desglose que pueda acusar puntos en común de la poética de Kurosawa por medio de cinco películas que atraviesan todas las fases de su cine. Para ello hablaremos además de las cuatro películas ya mencionadas (El perro rabioso, 1949, Rashomon, 1950, Trono de sangre, 1957 y Ran, 1985), de Los siete Samurai (Shichinin no samurái, 1953). La operación de análisis será el rescate de distintos elementos estéticos y discursivos, extrayendo la síntesis del aporte cinematográfico de cada una de estas películas.

El perro rabioso (1949)

Este film está fuertemente influenciado por el neorrealismo italiano, en especial por El ladrón de bicicletas (Ladri di biciclette, 1948), incluso se puede hacer una analogía entre la síntesis del film de Vittorio De Sica y los primeros cuarentaicinco minutos de El perro rabioso. Según Bazín la fenomenología del guión del film italiano, se da en los paseos del padre y su hijo por las calles de Roma en busca de su herramienta de trabajo; la bicicleta. En el caso del film japonés sucede de un modo similar con un gran numero de planos dedicados a la búsqueda del protagonista por su herramienta de trabajo que en éste caso consta de un revolver. Quizá cabe señalar que la hiper objetividad que logra El ladrón de bicicletas, en El perro rabioso se pierde por momentos, por ser una interpretación del neorrealismo estilizada, hecho que le hace ganar una serie de elementos de índole estética, donde aparece un montaje sumamente dinámico y un constante embellecimiento de los planos, una composición fotográfica que simplemente se vuelve una clase admirable.

perro rabioso

Por otro lado, en términos discursivos el film es bastante fidedigno a la extracción de la realidad que hace el neorrealismo porque así como en El ladrón de bicicletas el protagonista puede o no encontrar su bicicleta, en El perro rabioso sucede lo mismo, siendo las posibilidades abiertas a la deriva el acierto más objetivo de la realidad. Finalmente el cierre de ambos films tiene un elemento en común que tiene que ver con una cierta inversión de roles éticos. En la película italiana el protagonista termina intentando robar una bicicleta, mientras en el film de Kurosawa termina el protagonista junto al villano heridos en el barro, casi como una imagen simbólica del detective y criminal como entes atrapados en un mismo sistema social. Si bien aquí no hay una inversión de rol por parte del detective, hay una comparación que rebaja su status, exponiendo que el medio social es el mayor enemigo al cual no hay acceso de lucha, por lo que se banaliza el gesto de la misión del agente del Estado.

Rashomon (1950)

Con este film A.K. se consagra en la historia del cine y pasa de ser cuestionado por su supuesta tendencia occidental a ser avalado e incluso considerado un referente para occidente, hecho que de algún modo invertiría los roles en cuanto a los cuestionamientos y tendencias. Sin embargo, Kurosawa siempre fue sincero y expresó una gran devoción y admiración al cine de Jhon Ford, Howard Hawks, Fritz Lang, Frank Capra, Chaplin y Buñuel entre otros. De esos referentes es que su construcción visual pasa a ser un cierto híbrido que nunca pierde los orígenes idiosincráticos del Japón feudal (jidaigueki) o el postmoderno (gendaigueki).

En términos discursivos Rashomon tiene una fuerte impronta épica que gira respecto a la figura del honor, factor que siempre ha ilustrado el cine de samurái. De aquí se puede traducir una rica composición de escala de planos que con un montaje sumamente dinámico generan una gran carga dramática. Por otro lado podemos apreciar técnicas de máxima síntesis expresiva con la acción fuera de campo que transcurre en el tribunal, puesto que sólo vemos a los implicados narrando y evocando la acción, pero nunca vemos el tribunal. Ésta decisión estética nos remite al cine posterior de Bresson, en films como Pickpocket, donde utiliza el mismo dispositivo narrativo cuando se instala en una carrera de caballos y nunca vemos la carrera, solo se nos narra sonoramente.  Entre muchas miradas de los personajes aparece también el efecto Kuleshov como herramienta expresiva.  

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Respecto a la temática hay una gran reflexión sobre la condición humana que se abre y termina desde los más marginados amparados de la lluvia, donde se vuelve a proyectar la idea de un juicio a nivel moral cuando los mendigos que se refugian reciben un bebé abandonado y se ven sometidos a tomar decisiones éticas al respecto.

Un factor que ensalza sumamente la narrativa de éste film es la posibilidad de ofrecer distintos puntos de vista frente a un mismo acontecimiento. Como técnica narrativa es una operación que se adelanta bastante al cine de la época.

Un último aspecto que cabe ser señalado es la atractiva actuación que ofrece Toshiro Mifune (1920 -1997), actor predilecto de A.K. que se suma desde El Perro Rabioso en adelante, a un gran número de películas junto a Kurosawa.

Los Siete Samurais (1953)

En éste film ya se despliega todo el discurso humanista que a lo largo de su filmografía A.K. retoma una y otra vez. Si hay un film donde se despliegue el sentido de mutualismo, por excelencia, es éste. Lo interesante es que el mutualismo se da en una suerte de proceso de desalienación de los campesinos, que desesperados piden ayuda a los samuráis ante la amenaza de los bandidos, pero a la vez le temen a los samuráis. La película en sí es bastante didáctica respecto al humanismo.

Aparece la influencia de Ford en la construcción de grandes planos generales, así como las cabalgatas, algo que trasciende la poética de Kurosawa a nivel casi simbólico-poético dotando la mayoría de sus films con caballos, lluvias y nieblas. Estos aspectos los rescata el cineasta Chris Marker en su documental de 1985 A.K. donde se señala la conexión biográfica que de niño tuvo el director japonés con los caballos y la lluvia.

Desde una apreciación personal el mayor elemento a destacar en éste film es la actuación que una vez más despliega Toshiro Mifune. Aparece la liberación total de los cánones tradicionales de la contención corporal expresiva y se logra distinguir la fuerte influencia y cambio de paradigma en la técnica actoral que impulsa Elia Kazan en Un tranvía llamado deseo (1951) con Marlon Brando como protagonista de ésta nueva técnica que empezaría a masificar el actor studio. Una de las mejores escenas del film la protagoniza Mifune cuando les demuestra a los campesinos su cobardía y realiza una falsa alarma de ataque de bandidos, dado que nadie se digna a salir a saludar a los samurái.

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El personaje que construye Mifune se roba la atención del espectador cada vez que éste entra a cuadro porque se aleja diametralmente del trabajo de los demás actores, llevando los parámetros de la actuación más allá de la norma, generando una gran empatía y por supuesto, mostrando un gran dominio de la técnica ya que también desde los códigos del drama contenido nos sorprende en El perro rabioso. El personaje del actor japonés es clave en el film para mediar las tenciones y distenciones dramáticas a lo largo de todo el film, así mismo sirve como puente dialéctico a la hora de desplegar el discurso humanista en pro del mutualismo. En este sentido, otro aspecto que se despliega de la visión de mundo que entrega A.K. es su cercanía a la ideología de izquierda, elevando un sin fin de discursos proclives al comunismo a pesar que el nipón como muchos artistas ligados a la izquierda, nunca militó. Por otro lado, cabe señalar, que en ningún caso sus films se llegaron a contaminar de aspectos panfletarios y siempre fueron un puente para la reflexión del espectador por medio del objeto artístico.

Trono de sangre (1957) y Ran (1985)

Los films shakespereanos por excelencia basados en Macbeth y El rey Lear respectivamente, nos enseñan el valor de la causalidad en un contexto feudal. En el caso de Trono de sangre se hace sumamente atractiva la presencia del vaticinio anunciado por la bruja en el bosque donde se le indica al personaje de Mifune que será la nueva cabeza del trono. Ésta predicción se vuelve solo una sugerencia finalmente, ya que en el fondo son las acciones de los personajes y sus ambiciones quienes desatan la tragedia. En términos estéticos empiezan a aparecer elementos simbólicos que se manifiestan con una plasticidad fascinante. El ejemplo más emblemático se da  cuando el personaje de Mifune discute junto a su señora y por medio de la profundidad de campo se aprecia un caballo inquieto que corre de un lado a otro. Esto nos remite escenas de doble acción dadas con profundidad de campo como la escena de la nieve en El ciudadano Kane (1941).             

En éste film otro elemento influyente en la narrativa simbólica es la constante niebla que genera en el espectador una sensación de constante densidad y peligro. Por otro lado aparece una vez más una deslumbrante actuación de Mifune que alcanza su esplendor tanto en la escena en que ve los fantasmas de los personajes asesinados, como en el épico final donde es traicionado por sus propios soldados y muere atravesado por flechas al igual que la iconográfica imagen de San Sebastián.

En lo que respecta al caso de Ran aparece un elemento nuevo a las películas antes señaladas; el color. En ésta película se puede apreciar a cabalidad la diferencia entre la interpretación de colores del celuloide nipón que resalta las tonalidades verdes en relación a las ocres del celuloide norteamericano (Fuji y Kodak respectivamente).

Aquí se aprecian fotogramas de Ran y The Searchers (1957) y se hace evidente cómo el celuloide se ciñe a resaltar lo mejor de cada espacio geográfico. Del mismo modo el vestuario pasa a ser un protagonista singular con el color en la que és una de las últimas obras maestras de Kurosawa.

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El documental de Marker muestra el proceso de rodaje de Ran y es impresionante la meticulosidad artesana con la que A.K. elabora  sus escenas. Por lo general hay una sola toma que queda por plano con un previo extenuante y prolongado ensayo con los actores. El modus operandi nos remite al modo de trabajo de Buñuel que nunca sacaba más de tres tomas por plano y realizaba el posterior montaje de sus films en tres días. Directores de esta magnitud saben exactamente lo que quieren y empujan todos los factores implícitos hacia el perfeccionismo artesano de elaborar una película. Kurosawa era capaz de invertir el cause de un arrollo para que el movimiento del agua se viera más estético, así como arrancar de cuajo el techo de una construcción que entorpecía mínimamente un plano y un sin fin de constantes decisiones obsesivas que nos hablan de los directores que inscriben con grandes letras su nombre en la historia del cine.

Así como en su momento elogiamos el trabajo actoral de Mifune, en Ran, el personaje que se lleva los mayores elogios es Lady Kaede interpretado por Mieko Harada (1958 – ) constituyéndose como una femme fatal de impronta épica, que con sus acciones exacerba la tragedia humana y empuja a todo un clan a la completa perdición.

En general en las actuaciones se parecía constantemente el significado del vocablo japonés Ran (乱) que refiere al caos.

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En síntesis, se ha rescatado de cada uno de los films señalados, diversos elementos que desde una apreciación personal, resaltan la particularidades de la poética y puesta en escena de Kurosawa, personaje de profunda sensibilidad y apego a la reflexión sobre la conducta humana.

Este director forma parte con su filmografía, de las diez películas predilectas de prácticamente todos los grandes directores de cine contemporáneos, su legado inspira a los jóvenes realizadores así como a los más experimentados. Como él señalaba “Para mí hacer cine lo cambia todo, esa es la razón por la que he hecho al cine el trabajo de mi vida.”

Sin duda alguna, hablamos de un autor que produce y reproduce cinefilia.

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